Acabo de recibir un correo
electrónico, en el que se me informa sobre un acto-homenaje académico que se va
a celebrar en la Facultad de Ciencias de la Educación. El texto dice:
“CONVERSANDO CON MIGUEL ÁNGEL SANTOS
GUERRA sobre su trayectoria profesional y el adiós a la misma que conlleva la
jubilación obligatoria y el fin de los tres años de contrato como Profesor
Emérito. LA ESTRUCTURA DEL ACTO TENDRÁ CARÁCTER INFORMAL y se articulará sobre
preguntas, comentarios, lecturas, manifestaciones y experiencias diversas. LA
SESIÓN TENDRÁ LUGAR EN EL SALÓN DE GRADOS DE LA FACULTAD el día 30 de junio,
viernes, de 6 a 8 de la tarde”.
Tras la lectura me he quedado un rato
pensativo. Se va Miguel Ángel, se va un magnífico profesor, un amigo (no es que
yo sea de su círculo más íntimo, pero sí que hemos llegado a profesarnos un
gran respeto). En definitiva, dan de baja a una excelente persona y a un
profesional que atesora mucho por enseñarnos todavía. Estoy seguro que vía
artículos, quizá nuevos libros y seguro que conferencias, nos seguirá
ilustrando en muchos aspectos.
No espere leer en estas líneas nada
relacionado con su trayectoria profesional, sus títulos, sus acreditaciones,
sus méritos, sus reconocimientos, currículum, etc., sería un artículo muy denso
y necesitaría muchas, pero muchas páginas. Además, no soy yo quién para hacer
una glosa de ese calibre sobre nada, ni nadie.
Conocí al profesor Santos Guerra, en la
Facultad. Su exquisito trato personal y las muchas, aunque breves
conversaciones, me llevaron a seguir sus charlas, libros y, sobre todo, sus artículos
Su forma de expresar los conceptos, de
exponer las situaciones, de dar los giros para -aunque bien centrado en un
tema-, ir desgranando otros aspectos de la cuestión; son su marca de la casa.
Incluso podría parecer que, a veces, se va de la idea principal. Nada de eso,
está todo bien estructurado. Es un acto consciente. Él es así, le gusta abarcar
los mayores temas para dejar claro un solo concepto. O usar un tema, para dejar
claros muchos más. Quién sabe. Y con esta forma de expresarse consigue que nos
peguemos un buen rato sacando conclusiones. Muchas. Es como aquello de matar
dos pájaros de un tiro. Solo que en lugar de dos, serían, por lo menos, tres.
Miguel
A. Santos Guerra tiene, además de uno apellidos contradictorios, una enorme
sencillez personal y profesional, de ahí que apenas cruzas las primeras
palabras con él, ya te ha ganado para siempre. No va de nada y es de los que
sabe que cuando llega a una cola, tiene que esperar su turno. Esto que es una
obviedad, en el día a día no resulta tan normal.
Como persona comprometida no hay tema
que no lo haya tocado en alguno de sus artículos, libros o conferencias. Habla
con respeto y, lo más importante, sabe oír. De hecho, muchos de sus artículos
han surgido por saber prestar oído a lo que le rodea. De ahí su puntería en los
temas que trata. Como profesional de la educación (estoy tentado de escribir la
Educación), nos dejará un legado impagable. Es un tipo curioso este Santos
Guerra, lo mismo te cuenta cosas sobre Agamenón, que sobre su porquero. Por
supuesto, lo hará sin la mínima distinción de clases y siempre deja su opinión
y un montón de argumentos para que construyas la tuya.
Pero ahora lo jubilan. Jubilación
obligatoria dice el enunciado del acto. Es cierto lo que él dice: “la jubilación debería ser un derecho, pero
no una obligación”. Por qué jubilar obligatoriamente a semejante caudal de
creatividad. Otros y otras, ya se han tenido que jubilar de esta forma y ha
sido una pérdida para una institución como la Universidad o la Escuela. Será
extraño verle marchar. Con él se irá parte de lo que también somos. Y como lo
van a apartar, me he decidido a intentar hacerle mi propio homenaje. Porque
creo que se lo debo y se lo merece.
Hace poco más de un año leí una carta de
Miguel A. a sus alumnos y alumnas, en la que les pedía perdón por todas
aquellas situaciones en las que -intuía él-, podría haberles fallado. Hay que
ser muy grande para escribir algo así. Huelga cualquier otra referencia a este
profesional.
Me decidí a escribir mis primeros artículos
gracias a él, incluso en alguno de ellos le pedí ayuda y opinión. Y la obtuve,
claro. Ha sido un honor compartir con él este trozo de vida universitaria.
Siempre le agradeceré haberme hecho partícipe (algunas veces creo que hasta en
primicia), de sus proyectos futuros, y por sorprenderme, alguna vez que otra,
ofreciéndome su opinión sobre algo que yo había escrito. Y, sobre todo, gracias por su lucha en que tengamos una
mayor y mejor formación para expresarnos (escrita y hablada), para que esta sociedad
sea más igualitaria, justa y solidaria. La educación nos hace más libres.
A Miguel A. lo jubilan, pero pienso que él no se jubila (no diré, como obliga a decir a sus oyentes aquél locutor inconsciente y presumido, y persistiendo en el error gramatical: pienso "de que..."), así que seguiremos esperando cada
intervención suya, sea por el medio que sea, para seguir disfrutando de sus
enseñanzas.
Gracias profesor.