Quizá se tenga la tentación de
identificar a una peña, centro cultural, casa regional, etc., con un colectivo
que vive exclusivamente para su interés. Nada más lejos.
Tuve el enorme honor de conocer a este
colectivo y trabajar -en la medida de mis posibilidades-, con ellos. Con esos
hombres y mujeres que estaban y están empeñados en conseguir una sociedad mejor
y más solidaria; donde las tradiciones puedan encontrar un lugar en el que
seguir perdurando. Cruces de mayo, certámenes de copla, de malagueñas, de
saetas, pregones de Andalucía, de Semana Santa, concurso de belenes,
pastorales, coros, murgas para nuestro Carnaval… Todo sin olvidar a nuestros
mayores, las comidas fraternales, las excursiones culturales, etc.
Entrar en la sede de cualquiera de
estos colectivos es sentirse en casa. El buen ambiente, la amistad, la charla
sincera, son señas de esta gente que decide formar parte de un colectivo para
hacer una Málaga más auténtica.
Sin embargo, hay quien quiere utilizar
este potencial para hacer una especie de carrera política. Gran error, la
política es una cosa, muy digna, y la dirección de estos colectivos es otra,
igualmente muy digna.
En este último par de años hemos
asistido a un lamentable espectáculo que, a ojos del colectivo de las peñas,
casas culturales y centros regionales, ha dejado mucho que desear. Un cruce de
denuncias -que a todas luces se conocían sin base justificativa de su veracidad-,
ahora han tenido esa resolución final de un juzgado de la ciudad: De lo
denunciado no hay nada.
Tremendo. Una junta directiva de la
federación de peñas, centros culturales y casas regionales de Málaga, que
durante años entregó: su tiempo, su trabajo desinteresado y, en ocasiones,
hasta su dinero, se vio involucrado, usando la figura de su presidente, su
secretario y su tesorero, en un cruce de falacias que alguien, interesadamente,
maquinó para beneficio propio. Las peñas, centros culturales y casas regionales
de Málaga, no se merecían esto.
He visto, y he sufrido con ese
colectivo los efectos que esa jugarreta ha ocasionado en esas personas. El carácter
jovial y de camaradería se volvió huraño e individualista. Afortunadamente, se
pudo salir de esa espiral.
Ahora esa Federación tiene, de nuevo,
la oportunidad de renovar unos cargos que dirijan las actuaciones de un
colectivo tan importante para Málaga y sus barrios. Deseo que sepan acertar en
la persona adecuada para ello. Ésta tendrá que formar un equipo que esté libre
de cualquier deseo de hacer otra carrera que no sea luchar por nuestras
tradiciones y dignificar al colectivo. Es más, no creo que ninguna persona (y
digo ninguna), que haya estado a la sombra de la artimaña de las denuncias a la
anterior Junta Directiva (no nos engañemos, se personalizaba en su presidente, secretario
y tesorero, pero se juzgaba algo más), deba estar en esta nueva etapa que se
abre para nuestras peñas. Cuando se conoce de una injusticia, no se puede mirar
para otro lado.
Jesús Gonzáles, Tomás Carmona. Salvador
España. José Dominguez, Miguelo, Paqui, Victoria, Chari, Mari Pepa, Juan Carlos,
Antonio Villa, Esteban, Miguel Huertas…, sin olvidar a: Rafael Fuentes (padre),
Keka y Manuel Melgar, se han ganado un lugar en el reconocimiento de todos los
malagueños, por todo lo que nos han dado.
Gracias por aquel trabajo tan digno que
hicisteis.
No me resisto a terminar sin usar
una frase de Edmund Burke; “Lo único que necesita el mal para triunfar en el
mundo, es que los buenos no hagan nada”.
Mi suegro fue durante muchos, muchisimos años de la Peña Trinitaria; ya tan mayor no puede ir, pero cuenta sus historias, la hermandad y la fraternidad que se vivía en ella. Lástima que como bien dices, se politice o se use para otros fines ésas reuniones de vecinos y amigos que en definitiva forman parte de la cultura e historia de Málaga.
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