A veces me sorprendo pensando en que voy a llamarte. Es una sensación muy real que dura solamente unas décimas de segundo; pero me ocurre con relativa frecuencia. Estoy atareado con cualquier cosa y pienso: voy a llamarla. No lo hago; no sabría dónde hacerlo. Luego, tras quedarme algo desconcertado por mi pensamiento, me recupero y sigo el curso normal de mi día, y hasta la próxima vez que me ocurra.
Es extraña esta necesidad, y seguramente tendrá una explicación más profunda que sesudos psicoanalistas pondrían nombre. Yo no estoy interesado en estas cuestiones; no le doy la mayor importancia a un deseo que, antes, realicé menos veces de las que debería haberlas hecho. Sin embargo, las cosas son así; A lo hecho pecho, y ahora te jodes.
Tendré que guardar esas ganas de contarte para cuando nos veamos. Si es que nos vemos alguna vez. Quisiera creer que sí, y que me volverás a dar ese abrazo que una noche soñé que me dabas y que tanta paz me dio.
A veces me sorprendo pensando en que tengo a llamarte. No lo hago; no sabría dónde hacerlo.
Tu hijo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario