miércoles, 28 de junio de 2017

A JUBILACIÓN PERPETUA


Acabo de recibir un correo electrónico, en el que se me informa sobre un acto-homenaje académico que se va a celebrar en la Facultad de Ciencias de la Educación. El texto dice:
CONVERSANDO CON MIGUEL ÁNGEL SANTOS GUERRA sobre su trayectoria profesional y el adiós a la misma que conlleva la jubilación obligatoria y el fin de los tres años de contrato como Profesor Emérito. LA ESTRUCTURA DEL ACTO TENDRÁ CARÁCTER INFORMAL y se articulará sobre preguntas, comentarios, lecturas, manifestaciones y experiencias diversas. LA SESIÓN TENDRÁ LUGAR EN EL SALÓN DE GRADOS DE LA FACULTAD el día 30 de junio, viernes, de 6 a 8 de la tarde”.
Tras la lectura me he quedado un rato pensativo. Se va Miguel Ángel, se va un magnífico profesor, un amigo (no es que yo sea de su círculo más íntimo, pero sí que hemos llegado a profesarnos un gran respeto). En definitiva, dan de baja a una excelente persona y a un profesional que atesora mucho por enseñarnos todavía. Estoy seguro que vía artículos, quizá nuevos libros y seguro que conferencias, nos seguirá ilustrando en muchos aspectos.
No espere leer en estas líneas nada relacionado con su trayectoria profesional, sus títulos, sus acreditaciones, sus méritos, sus reconocimientos, currículum, etc., sería un artículo muy denso y necesitaría muchas, pero muchas páginas. Además, no soy yo quién para hacer una glosa de ese calibre sobre nada, ni nadie.
Conocí al profesor Santos Guerra, en la Facultad. Su exquisito trato personal y las muchas, aunque breves conversaciones, me llevaron a seguir sus charlas, libros y, sobre todo, sus artículos  Su forma de expresar los conceptos, de exponer las situaciones, de dar los giros para -aunque bien centrado en un tema-, ir desgranando otros aspectos de la cuestión; son su marca de la casa. Incluso podría parecer que, a veces, se va de la idea principal. Nada de eso, está todo bien estructurado. Es un acto consciente. Él es así, le gusta abarcar los mayores temas para dejar claro un solo concepto. O usar un tema, para dejar claros muchos más. Quién sabe. Y con esta forma de expresarse consigue que nos peguemos un buen rato sacando conclusiones. Muchas. Es como aquello de matar dos pájaros de un tiro. Solo que en lugar de dos, serían, por lo menos, tres.
 Miguel A. Santos Guerra tiene, además de uno apellidos contradictorios, una enorme sencillez personal y profesional, de ahí que apenas cruzas las primeras palabras con él, ya te ha ganado para siempre. No va de nada y es de los que sabe que cuando llega a una cola, tiene que esperar su turno. Esto que es una obviedad, en el día a día no resulta tan normal.
Como persona comprometida no hay tema que no lo haya tocado en alguno de sus artículos, libros o conferencias. Habla con respeto y, lo más importante, sabe oír. De hecho, muchos de sus artículos han surgido por saber prestar oído a lo que le rodea. De ahí su puntería en los temas que trata. Como profesional de la educación (estoy tentado de escribir la Educación), nos dejará un legado impagable. Es un tipo curioso este Santos Guerra, lo mismo te cuenta cosas sobre Agamenón, que sobre su porquero. Por supuesto, lo hará sin la mínima distinción de clases y siempre deja su opinión y un montón de argumentos para que construyas la tuya.
Pero ahora lo jubilan. Jubilación obligatoria dice el enunciado del acto. Es cierto lo que él dice: “la jubilación debería ser un derecho, pero no una obligación”. Por qué jubilar obligatoriamente a semejante caudal de creatividad. Otros y otras, ya se han tenido que jubilar de esta forma y ha sido una pérdida para una institución como la Universidad o la Escuela. Será extraño verle marchar. Con él se irá parte de lo que también somos. Y como lo van a apartar, me he decidido a intentar hacerle mi propio homenaje. Porque creo que se lo debo y se lo merece.
Hace poco más de un año leí una carta de Miguel A. a sus alumnos y alumnas, en la que les pedía perdón por todas aquellas situaciones en las que -intuía él-, podría haberles fallado. Hay que ser muy grande para escribir algo así. Huelga cualquier otra referencia a este profesional.
 Me decidí a escribir mis primeros artículos gracias a él, incluso en alguno de ellos le pedí ayuda y opinión. Y la obtuve, claro. Ha sido un honor compartir con él este trozo de vida universitaria. Siempre le agradeceré haberme hecho partícipe (algunas veces creo que hasta en primicia), de sus proyectos futuros, y por sorprenderme, alguna vez que otra, ofreciéndome su opinión sobre algo que yo había escrito. Y, sobre todo, gracias por su lucha en que tengamos una mayor y mejor formación para expresarnos (escrita y hablada), para que esta sociedad sea más igualitaria, justa y solidaria. La educación nos hace más libres.
A Miguel A. lo jubilan, pero pienso que él no se jubila (no diré, como obliga a decir a sus oyentes aquél locutor inconsciente y presumido, y persistiendo en el error gramatical: pienso "de que..."), así que seguiremos esperando cada intervención suya, sea por el medio que sea, para seguir disfrutando de sus enseñanzas.

Gracias profesor.

martes, 20 de junio de 2017

LA FRASE



De vez en cuando me gusta discutir. No me refiero a discusiones ofensivas, ni violentas, ni intransigentes. No, así no me gusta. Es más, en esas situaciones suelo bloquearme. Me refiero a dialogar sobre temas que admitan muchas interpretaciones y se pueda valorar la habilidad de tu interlocutor para defender su postura, y, por tanto,  te obligue a ser muy fino cuando te toca el turno de hablar de las bondades de la tuya. En esos casos la discusión es genial. Claro, eso es si tenemos la oportunidad de confrontar las opiniones personalmente. Cara a cara. Si es sobre algo que se ha escrito, la cosa cambia. Y mucho.
Hace poco tuve la oportunidad de leer un artículo, muy bien escrito y con los conceptos muy claros, sobre lo que se publica en las redes sociales. La cuestión iba sobre si lo que se publica en estas redes se asume en su totalidad. Y venía a concluir que sí, que siempre que publicamos algo en las redes sociales, asumimos lo que expresa. Por eso se publica o por eso se comparte. Digo yo. Además también soy de la opinión -tal y como defiende el artículo-, que en cada cosa que creamos (escritos, frases, canciones, comida…), va una parte de nosotros. Se crea a la vez que se ofrece una parte de nosotros. Así que se podría decir que lo postulado en el artículo y mi opinión al respecto, coinciden plenamente.
Sin embargo, hay una frase en él que no terminó de cuadrarme y que me ha hecho reflexionar sobre ello. Por lo visto, alguien mantenía lo contrario. Que lo que se escribe o se publica en general, no significa nada. Que no dice nada sobre quien lo expone públicamente y cosas así. Desde luego, no estoy de acuerdo con esta última tesis, pero me ha hecho pensar al respecto.
¿Nos están juzgando por lo que publicamos? Parece obvio que sí. ¿Nos definimos cuando publicamos algo? Pues también. Pero, qué hay de lo que interprete cada uno sobre lo que publicamos.
He publicado muchas cosas. Frases, fotos, artículos, música, vídeos… Todos porque me han apetecido compartirlo, y sin duda, todos dicen algo de mí. De mis preferencias musicales, de mi filosofía de vida, de mi concepto sobre cómo debería ser tal o cual cosa… Yo sé lo que quiero decir y porqué quiero decirlo. Lo que no sé, ni sabré nunca, es qué ha interpretado quien lo lee. Y, por supuesto he sacado mis conclusiones sobre las redes sociales: Si quieres conseguir lectores, no uses las redes, bastará con que cambies la foto de tu perfil y se llenará de “me gusta”. Escribe un artículo comprometido y, con suerte, te leerán un pequeño grupo de incondicionales. Punto.
Recuerdo que una vez escribí un artículo sobre los malos tragos que, de vez en cuando, nos da la vida. De lo aleatorio que es todo. De que en cualquier momento te puede tocar lo que yo definía como: “La Ruleta de las Flechas”. Dediqué medio artículo a justificar porqué reflexionaba sobre este tema. Incluso llegué a decir que no era nada particular. Afortunadamente. Pues bien, más de uno me llamó preocupado por si me había pasado algo. Cosa que agradecí, pero que también me indicó lo mal escritor que soy. Cosa que yo ya sabía, por cierto.
En fin, no les canso más. Supongo que publicamos cosas dependiendo de muchas circunstancias. Juzgar a las personas, o atribuirles una intencionalidad determinada, por el mero hecho de conocer lo que publica en las redes sociales, es una gilipollez tan grande, como pensar que lo que publicamos o compartimos, no va con nosotros.

No saquemos las conclusiones tan a la ligera porque nos puede ocurrir como a ese que le preguntó a su amigo que a qué se dedicaba, y este le contestó que era intérprete, porque uno le decía una cosa a él y él se la decía a otro. Pues bien, con está explicación sacó la conclusión de lo que realmente era: Un chivato. 

lunes, 24 de abril de 2017

EL METRÓNOMO



         El desarrollo turístico de nuestra zona tiene una deuda pendiente con los músicos. En la década de los 60, 70, 80…,  no había un hotel, bar, club, etc., que no tuviese su orquesta. Sobre todo en verano. Los músicos en aquella época, además de eso, se convertían en una especie de relaciones públicas del establecimiento, y con esa actitud hacían la estancia de nuestros visitantes un poco más cálida. No en vano uno de los slogans de aquella época era: “Al turismo, una sonrisa”, que tenía cierta seriedad. El otro que recuerdo decía: “Papá ven en tren”, que teniendo en cuenta lo que había por nuestras vías, era una tontería.
A pesar de la gran oferta de locales de ocio existentes, el trabajo en el escenario nunca fue fácil. Se debía compaginar con otros tablados más efímeros: Ferias, bodas, verbenas, bailes de tele-club… Fuimos muchos los que empezamos a ganarnos unos duros haciendo aquello que nos apasionaba: Hacer música. Y así nos pegamos muchos años.
Entre tanto vinieron varias crisis y el consiguiente cierre de locales y reducciones de personal. Por supuesto la orquesta era lo primero que se quitaban de en medio. Aunque los músicos también tuvimos mucha responsabilidad en lo ocurrido. Empezaron a surgir los primeros acompañamientos automáticos de bajos y baterías (adiós a estos instrumentistas). No obstante, algunos vieron una oportunidad de deshacerse de compañeros de toda la vida con la excusa de asegurarse el currelo. Desde luego era más fácil trabajar uno o dos músicos, que cuatro o cinco, pero el fin nunca justifica los medios. Pero no es de este tema el que quería reflexionar; De las humedades hablamos otro día.
Las vacas flacas siempre pillan al personal fuera de juego. Nadie ve venir el desastre hasta que lo tiene encima. Así que los músicos hemos sufrido unas etapas de selección tremendas. No solo había que actualizar constantemente el repertorio, los instrumentos y el vestuario; también había que hacerlo con los ánimos y la formación. Todo en un contexto muy difícil y duro. Un bolo podría suponer 4 ó 5 horas de música real, pero a ello hay que añadirles el tiempo del transporte, el montaje de los instrumentos y sonido, el de actuación propiamente, el del desmontaje y el del viaje de vuelta. Así tenemos que, de esas pocas horas de trabajo ante el público, nos vamos fáciles a las 12 -14 horas/día. Por supuesto, cobrando un puñado de higos, una vez descontada la comisión y el transporte.
En estas circunstancias hemos realizado nuestro currículum muchos de nosotros. Y dentro de esta historia hubo quienes llegaron a darle tanto a la música, que se olvidaron de ellos. De tanto medir el tiempo musical, se olvidaron del suyo vital.
Recientemente hemos tenido que asistir a algunas situaciones muy desagradables. Gente que dio su vida por la música se ha marchado en condiciones muy precarias. Lástima.
Les decía que el desarrollo turístico de nuestra zona tiene una deuda pendiente con los músicos. Pero no la va a pagar. Nadie se acuerda ya de nosotros. Seguramente en sus terrazas y salones haya música anunciada como en directo. Pero nosotros sabemos que eso no es así. Ya casi no hay directo, si acaso una voz y poco más. A veces, ni eso. Increíble.
Si queremos dejar de ponernos las manos en la cabeza cada vez que una desgracia personal nos recuerde las tristes situaciones que a algunos músicos les toca vivir, tendremos que ser nosotros -los que por ahora quedamos-,  los que tengamos que mitigar el sufrimiento de esos compañeros que, a pesar de ser unos grandísimos músicos, no pudieron o supieron medir el tiempo.
No hablo de caridad, ni de limosna, sino de compañía, afecto, amistad, ayuda en la búsqueda de recursos, etc. En definitiva, de poner en funcionamiento aquello que, en su día, se intentó iniciar con el apoyo y trabajo de nuestros recordados Miguel Alberca y Didi.
Venga, pongámonos en marcha: tac, tac, tac, tac…


miércoles, 19 de abril de 2017

EL TRABAJO DE LAS PEÑAS Y OTROS COLECTIVOS SOCIALES



         Quizá se tenga la tentación de identificar a una peña, centro cultural, casa regional, etc., con un colectivo que vive exclusivamente para su interés. Nada más lejos.
         Tuve el enorme honor de conocer a este colectivo y trabajar -en la medida de mis posibilidades-, con ellos. Con esos hombres y mujeres que estaban y están empeñados en conseguir una sociedad mejor y más solidaria; donde las tradiciones puedan encontrar un lugar en el que seguir perdurando. Cruces de mayo, certámenes de copla, de malagueñas, de saetas, pregones de Andalucía, de Semana Santa, concurso de belenes, pastorales, coros, murgas para nuestro Carnaval… Todo sin olvidar a nuestros mayores, las comidas fraternales, las excursiones culturales, etc.
         Entrar en la sede de cualquiera de estos colectivos es sentirse en casa. El buen ambiente, la amistad, la charla sincera, son señas de esta gente que decide formar parte de un colectivo para hacer una Málaga más auténtica.
         Sin embargo, hay quien quiere utilizar este potencial para hacer una especie de carrera política. Gran error, la política es una cosa, muy digna, y la dirección de estos colectivos es otra, igualmente muy digna.
         En este último par de años hemos asistido a un lamentable espectáculo que, a ojos del colectivo de las peñas, casas culturales y centros regionales, ha dejado mucho que desear. Un cruce de denuncias -que a todas luces se conocían sin base justificativa de su veracidad-, ahora han tenido esa resolución final de un juzgado de la ciudad: De lo denunciado no hay nada.
         Tremendo. Una junta directiva de la federación de peñas, centros culturales y casas regionales de Málaga, que durante años entregó: su tiempo, su trabajo desinteresado y, en ocasiones, hasta su dinero, se vio involucrado, usando la figura de su presidente, su secretario y su tesorero, en un cruce de falacias que alguien, interesadamente, maquinó para beneficio propio. Las peñas, centros culturales y casas regionales de Málaga, no se merecían esto.
         He visto, y he sufrido con ese colectivo los efectos que esa jugarreta ha ocasionado en esas personas. El carácter jovial y de camaradería se volvió huraño e individualista. Afortunadamente, se pudo salir de esa espiral.
         Ahora esa Federación tiene, de nuevo, la oportunidad de renovar unos cargos que dirijan las actuaciones de un colectivo tan importante para Málaga y sus barrios. Deseo que sepan acertar en la persona adecuada para ello. Ésta tendrá que formar un equipo que esté libre de cualquier deseo de hacer otra carrera que no sea luchar por nuestras tradiciones y dignificar al colectivo. Es más, no creo que ninguna persona (y digo ninguna), que haya estado a la sombra de la artimaña de las denuncias a la anterior Junta Directiva (no nos engañemos, se personalizaba en su presidente, secretario y tesorero, pero se juzgaba algo más), deba estar en esta nueva etapa que se abre para nuestras peñas. Cuando se conoce de una injusticia, no se puede mirar para otro lado.
         Jesús Gonzáles, Tomás Carmona. Salvador España. José Dominguez, Miguelo, Paqui, Victoria, Chari, Mari Pepa, Juan Carlos, Antonio Villa, Esteban, Miguel Huertas…, sin olvidar a: Rafael Fuentes (padre), Keka y Manuel Melgar, se han ganado un lugar en el reconocimiento de todos los malagueños, por todo lo que nos han dado.
         Gracias por aquel trabajo tan digno que hicisteis.

No me resisto a terminar sin usar una frase de Edmund Burke; “Lo único que necesita el mal para triunfar en el mundo, es que los buenos no hagan nada”.

jueves, 26 de enero de 2017

ALGO SE MUERE EN EL ALMA…



         Algunos tenemos la suerte de trabajar entre amigos. Ya saben, eso de: Estimado compañero y, sin embargo, amigo. Ese es mi caso, aunque lo malo de todo esto es que cuando llega la hora de jubilación (como es en este caso, que es el mejor), se te va un amigo. Amiga en este caso.
         Nos conocimos un día de octubre del año 1992. Y según me confesó, había llorado porque yo llegaba a hacerme cargo del servicio. Alguien (conocida), le había contado que llegaba el lobo. Bueno, esto no merece la pena seguir con ello puesto que el tiempo, puso a todos en su lugar: A aquella, a nosotros y al lobo. Encontré en ella una aliada incondicional, al igual que en todos con los que en aquella mañana de octubre de hace muchos años, tuve el gran honor de formar equipo.
         Podría contar mil anécdotas que nos han ocurrido a lo largo de estos años, pero no es lo que quiero reflejar en estas líneas. Mari Carmen, o “La Rojas”, como así la llamamos sus amigos, es una persona peculiar. Como buena castellana no es un desecho de cachondeo, pero sí tiene mucha guasa. Es de este tipo de personas que hay que entender, igual que ella nos entiende a los demás. No esperes de ella, si no lo siente así, una aceptación de tus tesis. Ella tiene las suyas y de ahí no la baja nadie.
         Trabajadora incansable y, compañera y amiga de las de fiar. Habrá atendido en estos años que llevamos juntos, a miles de estudiantes que han pasado por las Facultades de Psicología y Ciencias de la Educación. Nunca tuvo una mala gestión con nadie. Lo ha pasado mal en algunos momentos pero supo reponerse a miedos infundados e intentos de amedrentamiento.
         Y ahora, después de tantos años; nos va a dejar. Se ha ganado a pulso una jubilación que piensa disfrutar a tope. Y a nosotros, al resto de mortales que tendremos que seguir currando algunos años más, nos priva de sus cosas. La echaremos de menos. Seguro. Y no sólo nosotros, los más cercanos a ella, también gente que ella ni se imagina que la aprecia. Pero es así, Mari Carmen Rojas, es durilla hasta para no ver lo que es evidente en muchos casos.
                  Ha sido un honor compartir contigo tantas horas de trabajo y de lucha por unas Facultades que hemos hecho nuestras, más allá de lo que deberíamos. Has recibido tu sueldo mes a mes, faltaría más, pero le has dado a esta Universidad mucho más de lo que ésta te ha dado a ti. Lamento no haber podido o sabido encauzar debidamente, como es mi responsabilidad, la demanda de espacio, las condiciones de trabajo, y ese frío que cada invierno has venido soportando, sobre todo en los pies, mientras otros han estado y siguen estando, confortablemente en sus servicios. Ahora nos lo vamos a repartir los que quedamos. Igual que nos repartimos el de Vicente y Maruja (te acuerdas cuando te dije un día: Mari Carmen y esta María Guerrero, que lleva unos días sin venir a trabajar quién es). No tenía ni idea de que Maruja, nuestra Maruja, era la persona que me faltaba. Ese día me enteré de que las Marujas, son las Marías. En fin, insisto: Te echaré de menos. Te echaremos de menos. No lo dudes.
Ya ves amiga. Se han cambiado las tornas. Cuando llegué lloraste, y ahora que te vas, parece que me va a tocar el turno a mí.

         Disfruta de tu tiempo.

viernes, 7 de octubre de 2016

MENSAJE EN UNA BOTELLA

Mi viejo amigo Tamayo nos ha dejado. Afortunadamente hacía pocos meses que fui a visitarlo. Tamayo fue marinero toda su vida. Era mayor que yo y además estaba muy quemado por la vida tan dura que llevó. Aun así, no había quien lo doblara bebiendo. Ron, wiski, ginebra, vino, aguarrás… daba igual, te sacaba cuatro copas antes que encendieras tu segundo cigarrillo.
 Pasamos un par de horas charlando de lo de siempre. Me volvió a contar el castañeo de dientes que a diario tenía cuando se tuvo que  embarcar y recaló en un pesquero por el mar del norte. Por el frio y por el miedo. Ni mili, ni poyas; ahí me hice un hombre de verdad. Me decía. También tocó el tema de casualidades y el destino, una temática que últimamente introducía. Le obsesionaba ese tipo de cosas. Gente que se volvía a encontrar en los lugares más lejanos e insospechados. Relojes que vendió y volvió a comprar en otra parte del mundo... Pero, cómo no, me habló de su mujer y de lo felices que siempre fueron. Yo le hablé de mis proyectos, pero mostró el mismo interés que la mosca que nos acompañó aquella tarde. Cuando le dije que me marchaba, me retuvo; quería enseñarme algo. Sin duda, importante. No era muy sociable.
De la parte baja del mueble del salón sacó una botella. Ésta además de microorganismos pegados, tenía un papel y un tapón de corcho dentro. La había encontrado hacía un par de años. Poco después de que su mujer nos dejara.
Un tanto excitado por la situación, extraje el papel de la botella y, con cuidado, fui desdoblándolo. Me encontré con una carta redactada a mano y, sin duda, con una pluma estilográfica. Con trazos largos y ondulados. Me recordaba la escritura árabe. Comencé a leer:

 Bergen. Noruega. 
 Septiembre de 1975. 

Amada mía hace un par de días que atracamos en el puerto de Bergen, en Noruega.. Después de cinco meses en alta mar, no sabes lo bien que uno se siente al poder pisar suelo firme.
Tenemos noticias de que por allí hay prevista otras ejecuciones. Dios quiera que estas sean las últimas que firme ese dictador asesino. No sabes la tristeza que me produce. Si supieras cuánto de atrasado estamos. Si algo de bueno me ha traído este exilio político, ha sido conocer países en los que se vive en libertad. Países que progresan. Ojalá pronto nos llegue esa libertad.
Chiquitilla -siempre me gustó llamarte así-. Recuerdo el primer día que te vi, tu primera sonrisa, tus pasos lentos cuando caminamos juntos por primera vez. Desde aquel día, créeme, no ha pasado uno sin pensar en ti.
Con el tiempo empecé a conocerte. O mejor dicho; a reconocerte. Sabes que siempre tuve la impresión de que, en algún lugar o momento, cruzamos nuestras miradas de niños y un pensamiento: me gusta. Eso aún nos queda por descubrirlo.
Aprendí tanto de ti. Eres tan transparente, sincera, soñadora… No te imaginas lo bien que me siento cuando te abrazo. Abrazarte, tú haces que esa palabra adquiera todo su sentido Ya, ya sé que estás pensando que también tienes tu agua levante. Y es verdad. Quién no.
Chatilla -también me gusta llamarte así-, tu forma de querer no pertenece a esta época. Es puro romanticismo lo que tus poros derrochan. Si alguien puede decir que ha tocado el amor, ese soy yo. Tú me lo das de una forma tan intensa y real que se vuelve material. Eso solo lo pueden hacer muy pocas personas en este mundo. Tú eres una de ellas. No te quepa duda. ¿Sabes una cosa que me admira de ti? Nunca vi una mueca de desagrado en tu cara. Te he visto seria, enfadada, incluso dolida, triste... Pero nunca has hecho una muestra de desagrado, de desprecio, de ignorancia...Yo no soy así, ya me gustaría, pero prometo mejorar. Tengo tanto que mejorar.
Aquí son las 6,00 de la mañana. Imagino que dentro de poco te levantarás y, como todos los días pensarás en mí. Dónde estará mi chatillo, te dirás. Te asearas y saldrás en silencio hacia tu trabajo. Seguro que enciendes un cigarrillo y bajarás esa cuesta a paso lento, sorteando lugares que antes no te llamaban y ahora, cada día, exigen su pago. Y, quizá, alguna sonrisa viéndote en otros momentos allí. Conmigo. Imaginando que a la vuelta de la esquina estaré para darte los buenos días, besarte fugazmente y rozar tu mano. Llegaré. Cualquier mañana me verás allí, y será para llevarte conmigo. Y, juntos recorreremos ese camino.
No solo eres la mujer de mi vida. Eres la mujer. Así, sin más. La que cualquier hombre desea tener a su lado. La amante, amiga, confidente. No sé si alguna vez te lo dije. Pero ha sido un privilegio que me ha dado la vida al conocerte. Ya sé que una sonrisa lo cura todo. Que una mirada de amor, lo suaviza todo. Que un beso, nunca se volverá un acto mecánico. Que un problema; siempre tiene solución. Que amar, no es querer; es algo más.
En fin, esta carta tampoco la podré echar al correo. Sigo siendo un perseguido y no puedo delatarme. Como otras, la volveré a meter un una botella y la echaré a la mar. Recorrerá muchas millas y seguro que alguien la encontrará. Que la lea. Que sepa que hay gente como tú. Pero, sobre todo que sepa, que yo no me quedaré lo que me queda de vida embarcado y huyendo de nada. Que volveré (quizá ya he vuelto), por ti. 
Con todo mi amor.

            Miré a mi amigo y le pregunté que qué tenía pensado hacer con ella. Volver a tirarla a la mar, me dijo. Dicho esto, dio media vuelta y se sentó en su sillón preferido mirando a una foto en la que se le veía en plena faena un día de temporal fuerte, y que le había dedicado a su mujer.
Tamayo ha dejado de estar entre nosotros. Lástima. He recordado esta conversación, porque recientemente he vuelto a su casa. Sus hijos nos han citado allí a algunos viejos amigos para cumplir un deseo de su padre: Brindar por él y por la República. Les he preguntado si sabían algo de la botella que me enseñó. Ni idea, me dijeron. Pero Jacinto, otro viejo amigo común y que aún tiene fuerzas para salir a navegar con su cascarón, dice que hace un mes le pidió salir a la mar, y tiró una botella, pero no dijo nada. Ni él preguntó.
Me he acercado a la foto que le gustaba mirar. Con todo mi amor, se podía leer escrito en una esquina de la foto. Una letra con trazos largos y ondulados hechos con pluma estilográfica, y que me recordó la escritura árabe. Y una fecha: Mar del Norte. Noruega. 1975. Y recordé que me dijo que tenía pensado volver a tirarla a la mar. Volver…

Las casualidades Tamayo. Las casualidades.

martes, 4 de octubre de 2016

EL BOLIGRAFO DE DIOS O EL ESCARNIO A LOS MÚSICOS



Esto que van a leer, como diría el añorado Paco Gandía: es totalmente verídico.
Ya les dije en mi último artículo (http://lnavajas.blogspot.com.es/2016/09/a-la-basura.html), que había iniciado un proceso de limpieza. De todo. Así que, como es de esperar, van saliendo cosas de variado pelaje. Normal.
Pues en ello andaba cuando me aparece un recorte del Diario El Mundo fechado en 12 de julio de 1993. En ese trozo de papel amarillento, aparece un artículo firmado D. Pedro de Tena, titulado: Los 40 (poco) principales. Y lo introduce así: Los participantes de este festival sólo aspiran a ser teloneros.
Se refiere a una edición de la final del Festival de la Canción de Andalucía 93, que se celebró en Constantita (Sevilla). Y, como no tiene desperdicio, la reproduzco literalmente:
No buscan la gloria, sólo ser antesala de la gloria; no buscan ser cabecera de cartel sino simplemente teloneros de las primeras figuras. En el Festival de la Canción Española de Constantina nadie cree ya en milagros o sueños.
Macarena era ella, con su traje de volantes negros como la grima de la Pantoja y su divina pechera, excesiva, salvaje, a duras penas contenida por el corsé de la virtud. La noche era de libro y la luna creciente, mordiendo la penumbra de la Sierra Norte donde Constantina, una antigua ciudad con aires imperiales, cobijaba el Festival de la Canción de Andalucía 93.
Y Macarena, que no nació en Sevilla sino en  Málaga, sola en el escenario, se llenó de micrófono y de público, mientras surcaba el play-back con sus trinos de virgen en busca de torero. Era estrella invitada, libre ya de los nervios del concurso. Iba a cantar “para ser graciosa en la vida”, cuando henchida de emoción desafió a un público rendido y gritó “Música, maestro”. Desconcertado el dedo subalterno hizo clic en la máquina y la orquesta electrónica derramó la canción sobre la madrugada.
Constantina es un hermoso pueblo. Para llegar a él, hay que ser tan héroe como Indurain o ser burro. De los casi cien kilómetros que le separan de Sevilla, la gran mayoría son una horrible y sádica tortura diseñada por el Presidente de la Diputación (socialista) para castigar en el hígado electoral de Juan Antonio Rivera Menéndez, su alcalde (andalucista). La gente no se mata porque Dios existe.
En la calle Mesones, bajo las hojas de una platanera de madroño, una pancarta de antes de la guerra, anunciaba el Festival, un empeño de hace 17 años que continúa sin un duro y con más moral que el alcoyano, Andrés García Maldonado, un malagueño que se ha tomado a pecho la promoción de la cultura y el folklore andaluz. La Junta da un trofeo. La Diputación de Sevilla, disgustos y un millón y pico el Ayuntamiento de Constantina.
Sobre las serpientes de plástico por donde chillaban los kilovatios, tenían que competir diez grupos y cantantes que al final fueron nueve, porque un grupo no pudo o no quiso o no llegó. El nombre del conjunto, “Fallos Técnicos”, libera a los cronistas de más explicación.
En una megafonía que parecía dispuesta por los enemigos, Maribel, rubia y presentadora, que pasó un frío de morirse, jugaba al chico-chica con Rafael Acejo, locutor asimismo, mientras la calle, larga y escarpada, se llenaba de ardorosos constantinenses. Había de todo: manada de solteras, hordas de jóvenes, gallinero de hombres adosados a los bares y rebelión de niños.
El lío era explicar el sufragio universal que iba a decidir el ganador. Se daban papelitos con los nombres de los participantes y había que romperlos, sí rajarlos, pero, ojo, no del todo, por el lugar exacto en que estaba indicado el artista decidido. Y luego, a una urna de verdad, con su ranura y demás avíos.
Y comenzaron las actuaciones: La Senda de Oz era un grupo de Málaga. “Lo que queremos es que alguien se fije en nosotros y nos meta de teloneros en verano”, decía el del whisky en la mano. Alfonso del Valle, ya talludito y con 34 tacos, cara de Franco Battiato de provincias y poca suerte, mesó sus canas cuando un familiar suyo le dijo que “el sonido, fatal”. Afectuoso, estuvo.
De Loja eran los Laborde. Na, na, na, na, rockeaban. “Viento del Sur, llévame contigo al lugar en que nací…” Pero la gente no quería ser coro y se rebeló contra los ruegos de palmas. Rafael Ocaña era como José Luis Perales, clase media en su niki del sábado, adobado con el ron de Pablo Milanés.
Ellas y ellos eran Cañaveral, un toque de folk-song, melódico y amable. Cantaron Ella, la historia de una esposa que estaba hasta el gorro de la oficina del marido. Se abrazaron al bajar del tablado porque les salió bien. Y luego, Luis Navajas, que podría confundirse con Antonio Gutiérrez, el de comisiones, si no fuera por su guitarra eléctrica y sus Mil Miradas, mostró que tiene tablas y dunas de verano en su guitarra eléctrica. El jurado auxiliar sufría los ataques de los enfurecidos decibelios mientras Antonio José Prieto hablaba de amores clandestinos un tanto paleopitecos y La Troyca, más bien Doyka, reventaba al Ruiseñor, un machista que “llamaba la atención porque a las mujeres robaba el corazón”. Dublin, de Madrid, era el grupo que cerraba la noche aspecto existencialista y unos play-backs chivatos que cantaron de más.
Como, según parece el Sr. De Tena no quedó satisfecho, apostilló en un pie de foto de Macarena, lo siguiente:      ¿QUÉ ES ESO DE SER GANADOR? La televisión local subía los monitores y la democracia imponía su veredicto. 150.000 pelas al ganador y 20.000 a los demás. Alguno -como Macarena, en la imagen- tal vez un día habite los “40 principales”. Mientras tanto, sólo les alimenta la pasión  por la música. Carlos Alba, el humorista, desollaba los chistes con pericia. ¿El ganador? ¿Quién sabe de eso en este laberinto de perdedores?
Hasta aquí la crónica del evento. Uf, no tiene desperdicio eh? No recuerdo como cayó en mis manos la noticia, y pasado el asombro que me produjo, decidí enviar una carta al Director de El Mundo (que no se publicó), en los siguientes términos:
Sr. Director del diario El Mundo, adjunto le remito carta con el ruego de su publicación, amparándome en el derecho de réplica, ya que soy citado directamente en  una información aparecida en su diario el pasado lunes 12 de julio y firmada por el Sr. Pedro de Tena. Atentamente.
Y la réplica la titulé: LOS 41 (poco) PRINCIPALES.
Sr. Pedro de Tena, en primer lugar permítame que le dé las gracias por la crítica o intento de ella, que hace sobre la Final de la Canción de Andalucía, que aunque no comparto en muchos aspectos, es algo más que simples notas pequeñitas en el último rincón de cualquier periódico, al menos vd., con más o menos fortuna hace algo diferente. Hasta aquí mi agradecimiento.
Pero, Sr. Pedro de Tena, permítame que le explique el significado del título de mi carta. Porque si nosotros (los participantes), somos los 40 (poco) principales, usted se ha convertido en el 41, ya que solo aspira a ser aprendiz de poeta o articulista de segunda fila. Incapaz de liberarse del mosqueo que supongo le ocasionó el que le enviaran a Constantina (no sé si llegó como héroe o como burro, que dice usted que son las únicas formas de llegar a Constantina), y se ha dedicado a dar caña a todo lo que se movía en el escenario. Quizá en este apartado tendría que callarme, puesto que soy prácticamente el único que sale bien parado de su escarnio; el hecho de que me compare con el Sr. Gutiérrez (sí, el de Comisiones), me indica que no tuvo motivos musicales para hacer una crítica en su línea, y ya se sabe, a falta de pan… Sepa usted Sr. De Tena que yo no recorro más de 300 km, para llegar a ningún festival como perdedor anticipado, y, ni mucho menos mi sueño es llegar a ser telonero de nadie, ni nada. Mire, mi objetivo es dar a conocer mis composiciones y en estas sigo. Como supongo que durante el Festival estaba usted tan atareado pensando en con quien debería comparar a cada participante, no prestaría la atención a aquello para lo que fue usted enviado allí; la música, las composiciones. Le recordaré un pasaje de la letra de mi canción: “Y si no volvemos a vernos, un secreto te contaré, nunca mires con desprecio, ellos no lo saben hacer”. Atentamente.
Bueno, hasta aquí un trozo de historia. Un ejemplo de que en la música, como en cualquier actividad de esta vida, hay que saber levantarse tras un obstáculo.
            Del Sr. De Tena, no tengo nada que decir. Sigo sin conocerlo y tampoco sé a quién se parece. Ni si es un burro o un ciclista.  Él sabrá por qué decidió escribir una crónica de esa forma. Unos fuimos juzgados por algo para lo que no fuimos a un festival (no era un concurso de dobles, ni de canción española), y otros lo serán por lo que escribieron (incluida la pormenorizada descripción de la pechera de Macarena).

            Que le aproveche D. Pedro.